A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara. También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española, donde filmó el documental sobre el bando republicano "Victorie de la vie", la SGM, en la que estuvo en la Unidad de Cine y Fotografía del ejército galo o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín. Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de Stalin. Su obra fue expuesta, en el museo del Louvre, en París, en 1955.
En 1947, él cofunda junto a Robert Capa, Bill Vandivert, David Seymour y George Rodger la agencia Magnum y a través de sus viajes por el mundo definiría la fotografía humanista: visitaría así pues África, México, y los Estados Unidos. En 1936 realizó un documental sobre los hospitales de la España republicana y se convertiría más tarde en el asistente del cineasta Jean Renoir.
Junto a su esposa, la también fotógrafa Martine Frank, creó en el año 2000 una fundación encargada de reunir sus mejores obras, situada en el barrio parisino de Montparnasse.
En 2003, Heinz Bütler dirigió la película suiza Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks, documental biográfico interpretado por el propio Cartier-Bresson además de Isabelle Huppert, entre otros.
En el año 1982 recibió el Premio internacional de la fundación Hasselblad.
Formado en la Escuela nacional superior de Bellas Artes, abandona finalmente la fotografía en 1970 para dedicarse al dibujo. Un año antes de su muerte 2003, la Biblioteca Nacional de Francia le dedica una exposición retrospectiva, con Robert Delpire como comisario. Estos fondos son los que más tarde servirían para la apertura en el barrio parisino de Montparnasse de la fundación HCB, que asegura la buena conservación de su obra. Falleció el 3 de agosto de 2004 en Montjustin, al suroeste de Francia. Para algunos, Cartier-Bresson es una figura mítica en la fotografía del siglo XX. Uno de sus mejores biógrafos (Pierre Assouline) lo apelaría como «el ojo del siglo».

En esta foto de 1926, el maestro Bresson capta con su 'pincel' a una pareja que se protege bajo su paraguas de las miradas indiscretas en una playa francesa.
"Tras la estación de St. Lazare" París, 1932.
Esta imagen de Bruselas, que data de 1932, fue exhibida en la exposición Europeos en la Hayward Gallery de Londres.-
La esencia de la Fotografía no ha cambiado desde su nacimiento. Es una actividad que parece fácil pero qué realidad es bastante ambigua y depende mucho de la persona que la realice. Trata de captar el momento de una vida que nunca se detiene. Fotografiar es poner el ojo, la cabeza y el corazón en el mismo punto de mira. Los fotógrafos son dueños del instante, deciden y cuestionan a la vez.
A Cartier-Bresson le inspiraba el deseo de atrapar en una sola imagen lo esencial que surgía de una escena. La realidad nos ofrece tal abundancia que hay que cortar del natural, simplificar, aunque a veces no se elige el instante adecuado. De todos los medios de expresión la fotografía es el único que fija el instante preciso. El trabajo del fotógrafo consiste en fijar la realidad, pero no manipularla ni durante la toma o más tarde, en el revelado.
El tema de la fotografía es importante pero basta con situarse en relación a lo que se percibe. El tema no cosiste en recolectar hechos, lo importante es escoger entre ellos, captar el hecho verdadero con relación a la realidad profunda. Para que un tema posea toda su identidad, las relaciones de forma deben estar rigurosamente establecidas.
La fotografía es el reconocimiento en la realidad de un ritmo de superficies, líneas o valores, tiene que atrapar en el movimiento el equilibrio expresivo. La composición tiene que ser intuitiva en el momento de fotografiar, ya que nos enfrentamos a instantes fugitivos en que las relaciones son móviles. La elección del formato de la cámara juega un papel determinante en la expresión del tema.
La técnica es importante en la medida en que debemos dominarla para que nos devuelva lo que vemos. El manejo de la cámara tiene que ser un acto reflejo. En la ampliación hay que respetar los valores de la toma o, para restablecerlos, modificar la prueba según el espíritu que ha prevalecido en el momento de la toma. Hay que restablecer el equilibrio que el ojo continuamente entre una sombra y una luz.
El aparato fotográfico permite obtener una especie de crónica visual. El escorzo del pensamiento que es el lenguaje fotográfico tiene un gran poder, pero conlleva un juicio sobre lo que vemos y eso implica una gran responsabilidad. Un fotógrafo se arriesga a que lo gustos y las necesidades de las revistas, deformen su obra por completo. No se puede, mientras se está haciendo el reportaje, pensar en su futura compaginación.
La fotografía es el reconocimiento simultáneo, en una fracción de segundo, por una parte del significado de un hecho, y por la otra, de una organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que expresan ese hecho. El contenido no puede separarse de la forma y esta organización visual no puede ser más que el fruto de un sentimiento espontáneo de los ritmos plásticos. El color por su parte, es un medio muy importante de información y su reproducción debe ser intuitiva.






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