El argentino Walter Astrada sólo tiene 34 años, pero ya se ha consagrado en el mundo del fotoperiodismo como un veterano y uno de sus más prolíficos genios, resonando su nombre en las entregas de los premios de fotoperiodismo de mayor prestigio internacional.
Fotoperiodista independiente y freelance, cubrió durante 2008 y 2009 algunos de los episodios más violentos ocurridos en el continente africano como los enfrentamientos postelectorales en Kenia entre luos y kikuyus, la represión policial contra manifestantes en Madagascar o la violencia contra la población civil en el este de la República Democrática de Congo. Sus trabajos han sido reconocidos internacionalmente con premios como el World Press Photo (2007, 2009 y 2010), el primer Premio Days Japan Award 2009, el Primer Premio Sony World Photographic Awards o el Premio Bayeux-Calvados para corresponsales de guerra, entre otros. Actualmente, desarrolla un proyecto personal sobre la violencia contra la mujer que le ha llevado a países como La India, Guatemala o la República Democrática de Congo.
"Hay muchas probabilidades de que no llegue a cumplir los 60”, manifiesta. Conoce bien los peligros de su profesión, pero aún así el deseo de captar la realidad le domina. Tomar imágenes le da la vida pero también puede arrebatársela, y aunque es plenamente consciente de ello y se debate entre sus miedos y dudas internas, no piensa retirarse, así lo dice; " Estás encuadrando con una cámara que cuesta al menos mil euros a gente que están matando delante de ti y que subsiste con menos de un dólar al día. Eso no es nada fácil de digerir. Es por ello que siempre estoy en un permanente conflicto conmigo mismo. Hay ocasiones en las que me consume mucho hacer lo que hago, y es verdad que a veces arriesgo demasiado, pero me arriesgo porque si no se tomaran esas fotografías nadie tendría constancia de lo que pasa y yo quiero asegurarme de que la gente conozca, que no puedan escudarse tras el “no sabía". Fotografiar es su forma de rebelión, su manera de aportar algo valioso a la sociedad, no es algo que haga para ganar dinero, prestigio o recompensas, sino que es algo que forma parte de él, pues nos muestra el espejo de su alma en sus instantáneas, ya que según Walter, "Un buen fotógrafo tiene que verse reflejado en sus imágenes”“Es un error catalogar a los fotógrafos como buenos o malos en función de las veces que han sido galardonados. Los premios, a veces, son una lotería y deben ser siempre la consecuencia de un trabajo, nunca la causa. La nuestra es una auténtica carrera de fondo con obstáculos. Y la clave es la tenacidad, el saberse valorar, lo que implica, en definitiva, tener una firme creencia en lo que se hace".
Y es que, como bien dice el refrán, “Ver no es creer, creer es ver”. Algunos pensarán que hay muchas formas de ver, y que quizás la mirada de este profesional es demasiado cruda, directa, brutal, dura, ¿pero acaso la fotografía no pretender ser un fiel reflejo de la realidad, acaso no es dura la vida? Sí lo es, pero sin embargo, también es bella, y ahí radica la clave y la esencia de su fotografía. Sus imágenes son un fuerte imán, pues al mismo tiempo que impresionan con dolor o rechazo, atraen porque son auténticas, porque hasta lo más oscuro puede retratarse con una poderosa luz que invade nuestros ojos y nuestras mentes.
Las cinco fotos clave de Walter Astrada.
Después de Faith, un trabajo sobre la fe que le motivó a viajar por diversos países de América Latina durante 1999, The Eus fue el primer proyecto personal que Astrada se planteó seriamente, un trabajo sobre las prostitutas en Paraguay.

“En su cotidianeidad tienen la vida común de cualquier otra persona y eso es, precisamente, lo que quise representar en esta fotografía".
En 2004 estaba residiendo en República Dominicana cuando le tocó cubrir para AP la caída, en Haití, del gobierno de Arístides. El 7 de enero hubo una manifestación importante donde la policía mató a algunos estudiantes, uno de ellos en este ataúd. Después del velatorio la gente decidió pasar con el cuerpo por delante del palacio presidencial cuando la policía comenzó a disparar al aire y a lanzar gases lacrimógenos, impidiéndoles el paso.

«En esta toma se ve cómo los manifestantes se asustan, escudándose detrás del cajón. Están, de alguna manera, intentando protegerse de la muerte con la muerte»,
Walter, que había hecho un contacto con los bomberos, recibió una llamada avisándole de que había aparecido el cuerpo de una víctima en la zona de Boca del Monte, en Guatemala. Subido en un tejado, trabajó durante cinco horas para poder obtener esta imagen. La instantánea, premiada en 2007 con el World Press Photo en la categoría de Temas Contemporáneos, forma parte de un proyecto más amplio que busca retratar el problema de la violencia contra las mujeres en diversos países del mundo.

"Se llamaba Maira y tenía 42 años. Lo que más me impresionó fue ver el ensañamiento con el que la habían matado. Fueron, en total, 16 disparos".
En el Congo todavía se arrastran las secuelas del conflicto entre tutsis y hutus que, hace más de una década, provocaron en Rwanda una de las matanzas más terribles de toda la historia africana.
"Esta imagen siempre me produce una sensación extraña. A primera vista parece una escena plácida, como si, llegada la paz, el soldado contemplara relajado lo hermoso de un cielo estrellado". Es difícil adivinar la violencia que esconde esta foto, pero las falsas estrellas son, en realidad, los agujeros trazados por las balas en el techo de una de una tienda de campaña.

De las miles de fotografías que abarca su carrera, no vacilaría en escoger ésta, sobre la violencia post-electoral en Kenia, como favorita, la imagen con la que ganó el World Press de 2009. La represión se volvió muy violenta cuando Walter decidió seguir a un pequeño grupo de policías en un barrio de Kiberia, en Nairobi. "Estaban entrando casa por casa cuando de repente escuché un grito: ¡Baba, baba! Entonces vi que habían roto una puerta de una patada y allí estaba un niño de unos 8 años, totalmente aterrorizado, llamando a su padre". Más tarde se enteró de que éste ni siquiera existía y que el pequeño estaba solo en la casa esperando que volviera su abuela.
"Esta foto resume lo que yo he visto en todos los conflictos en los que he estado hasta ahora. Es una metáfora del miedo, del horror que genera la violencia".
Ana Lucas Buitrago




